La miel es un alimento que nos acompaña en nuestra dieta desde la antigüedad.
La miel es un alimento que aporta azúcar (por tanto, mucha energía) de forma rápida, que puede almacenarse con relativa facilidad y que no caduca, lo que la convertía en un alimento indispensable para nuestros ancestros.
Quizás te estés preguntando cómo es posible eso de que "no caduque", lo cierto es que se han encontrado reservas de miel originarias del Antiguo Egipto, con cientos (o miles) de años de antigüedad, que aún conservaban todas sus propiedades nutricionales, es decir, que no han perdido cualidades con el paso del tiempo y que siguen siendo comestibles (aunque quizás no sea del todo recomendable hacerlo).
Esto se debe al alto contenido en azúcares que posee y bajo contenido en agua, lo que impide el crecimiento de bacterias.
Por ello, podemos afirmar que la miel es no perecedera, algo muy conveniente si pensamos en los tiempos anteriores, donde la comida escaseaba.
Además de estos factores, la miel fue el endulzante natural más utilizado hasta que se descubrió como refinar el azúcar que conocemos hoy en día, por lo que se utilizaba mucho para la elaboración de dulces.
Esto convirtió a la miel en un alimento que valía la pena mantener, por lo que se empezó a investigar sobre su "cultivo", así fue como surgieron los primeros apicultores.
Fueron los encargados de extraer la miel de los panales de abejas, primero desde las propias colmenas de las abejas y, con el tiempo, desarrollaron sus propios panales "artificiales" como los conocemos hoy en día, lo que facilitaba la tarea.