La trufa negra, el diamante negro. Necesita ser mimado con inviernos fríos, suelos bien drenados, veranos secos. Justo lo que ofrece nuestra provincia de Teruel.
A esto le añadimos una altitud de entre 800 y 1.300 metros, y una morfología del terreno que históricamente ha complicado otro tipo de cultivos, pero que a su vez es perfecto para el desarrollo de las micorrizas que van desde el hongo hasta los árboles correspondientes (encinas, robles o coscojas).
No es casualidad que en la provincia turolense existan más de 7.000 hectáreas dedicadas a su cultivo, y todas ellas repartidas entre un centenar de municipios. Esta apuesta ha conseguido alzar Aragón y que sea una de las grandes potencias mundiales de producción de trufa.
Al hablar de la truficultura en Teruel, es imposible evitar mencionar Sarrión. Situado en Gúdar-Javalambre y sobre todo conocido como la capital de la trufa negra. En los alrededores se dice que se genera una parte fundamental de la producción globhal de Tuber Melanosporum, y que prácticamente todos sus vecinos están relacionados ya sea de manera directa o indirecta al sector.
En dicho lugar se celebran eventos referentes a este producto como FITRUF, la Feria Internacional de la Trufa, que cada año llama a profesionales, chefs y compradores de todos los rincones del mundo.