La cecina se origina en las antiguas civilizaciones, por una cuestión práctica, la conservación de la carne.
Mediante procesos de secado, salado y ahumado, observaron que podían disponer de carne por más tiempo, alargando su tiempo de consumo y convirtiéndola en un alimento perfecto para transportar y disponer de alimento a medio plazo.
Con este proceso, la cecina adquiere un sabor ahumado muy característico, además de que conserva la suavidad de la carne en el centro de la pieza, mientras que los bordes quedan ligeramente más secos y se potencia más su sabor.
Ha sido una parte fundamental de las tradiciones gastronómicas tanto en España como en América Latina.
En España la cecina, especialmente la leonesa, es un símbolo de la región, mientras que en América Latina, países como México y El Salvador la han adaptado con variaciones de cerdo o toro, condimentada con especias y secada al sol.
Además, nutricionalmente la cecina resulta muy interesante, ya que se tratan de carnes que concentran gran parte de la proteína de la pieza de carne, pero suelen ser bajas en grasa, por lo que te recomendamos consumirlas ocasionalmente como snack ya que son una buena opción.